Otra receta que siempre hemos preparado en casa, aprovechando que tenemos un almendro y son ideales para hacer el vermouth.
Si compráis las almendras ya peladas, os pasáis directamente al paso de freírlas, si no habrá que escaldarlas para eliminar la piel.
En mi caso las tengo que partir y pelar, pero sentarme en el porche y partir las almendras, la verdad es que me gusta y relaja...
Ingredientes
Almendras
Sal
Aceite
Partimos y quitamos la cáscara dura de las almendras.
Ponemos un cazo con abundante agua y cuando empiece a hervir echamos las almendras y las dejamos escaldar durante un minuto.
Las pasamos a un escurridor y vamos eliminando la piel una a una presionándolas por una punta (cuidado que al principio queman, podéis utilizar guantes de latex) y las vamos depositando encima de papel absorbente para retira el máximo de agua.
En una sartén, cazo, freidora ponemos aceite a calentar a fuego medio-alto y cuando esté caliente vamos echando las almendras (no echar muchas de golpe).
Las freímos sin dejar de remover para que se tuesten por todas las partes. El fuego no tiene que estar muy alto, ya que sino, se doran por fuera pero os quedarán tiernas por dentro.
Ponemos sal en la base de un plato, las vamos sacando escurriéndolas con una espumadera y volvemos a echar sal por encima. De esta manera la sal se quedará unida a la almendra. Si esperamos a que se enfríen no se nos enganchará.
No tengáis miedo a que queden saladas, ya que luego al introducirlas en un bote para guardarlas, se desprende un poco de sal (si llegan y no se las comen en el momento que las vais friendo!!!! como pasa en casa.
A disfrutar!!i
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